Cada 8 de julio, la sierra de Áncash se llena de música, danzas y pólvora. Es la antesala del Día de la Patria, pero en el distrito de Huaylas y su vecino Santo Toribio, esta fecha ha sido durante generaciones el escenario de algo más que una celebración: una confrontación simbólica —y a veces violenta— entre dos pueblos que comparten historia, territorio… y viejas heridas.

En tiempos pasados, las fiestas costumbristas no solo eran motivo de orgullo local, sino también de competencia abierta. Las delegaciones de ambos distritos bajaban con sus mejores bandas, comparsas, estandartes y danzantes, pero también con una tensión latente que muchas veces desbordaba lo festivo. Peleas entre jóvenes, desafíos públicos, provocaciones a plena plaza y, en algunos casos, heridos o muertos, marcaron el desenlace de celebraciones que se suponía debían unir.

Hoy, algo está cambiando. Las nuevas generaciones están empezando a cuestionar esta tradición, no desde el resentimiento ni el olvido, sino desde la conciencia. ¿Qué sentido tiene una fiesta si al día siguiente hay luto? ¿Qué se honra realmente al mantener viva una enemistad heredada que nadie ha elegido? Muchos jóvenes, tanto de Huaylas como de Santo Toribio, han optado por no participar, por alejarse de los espacios donde la violencia es probable, y por resignificar lo que significa celebrar.

Para algunos mayores, esta actitud es vista como “falta de carácter” o “desarraigo”. Pero lo cierto es que se trata de un acto de valentía: el de romper un ciclo que ha perpetuado el enfrentamiento bajo la excusa de la identidad. Estos jóvenes no están negando la tradición, están reconstruyéndola.

Porque no se trata de eliminar la fiesta, sino de transformar su espíritu. De pasar del orgullo agresivo a la celebración compartida. De hacer que las bandas suenen más fuerte que los gritos. De permitir que la memoria no duela.

Tal vez, en este nuevo ciclo, el 8 de julio deje de ser recordado por las peleas en la plaza y comience a ser celebrado por el día en que dos pueblos decidieron bailar juntos.

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